domingo, 27 de junio de 2021

Una nueva esperanza

Remato esta serie de entradas con otro homenaje a Star Wars. Y es que en muchas ocasiones he usado el blog para desahogarme de la frustración o el malestar que siento con mi forma de tocar, o con mi proceso de aprendizaje y los avatares que siempre ha implicado aventurarme en un instrumento y un estilo del que carezco una figura próxima que me guie...Lo sé, uso mucho este derrotero cuando estoy banjo de ánimo).

De modo que esas entradas cumplen su función, me desahogo, descargo mi rabia en un par de párrafos y centro mi atención hacia el futuro incierto, bajo el amparo de vídeos y audios que me inspiran y que al mismo tiempo me generan envidia. Y al día siguiente saco el banjo del estuche, enciendo el metrónomo, afino las cuerdas, y practico lo que tenga proyectado para el día. Es el paso del tiempo en operación y así, ya embebido en la práctica, sigo revisando las problemáticas que me aquejan, y asumo los retos en los que ande metido, hasta encontrar el equilibrio perdido y llegar al punto que me lleva a colgar entradas positivas como esta, un nuevo ciclo, una nueva esperanza.

El famoso problema de alguna forma sigue ahí, después de todo es algo que surge de mis dedos, pero aquellos también me están indicando el camino, y tras un par de modificaciones en la postura de la mano, en agudizar mis sentidos, siento que volví a la senda que me agrada, con sus errores y desafíos, pero en un balance atacable. Y allí estoy, trabajando nuevos ejercicios del libro de Grimshaw, puliendo temas nuevos que aprendí y que pienso colgar pronto en mi canal de Youtube. 

Como en tantas ocasiones, y por eso, adoro tanto a mi instrumento, sigo adelante, luchando.


Una pequeña selección de mis ejercicios favoritos de la primera parte del How to excel on the banjo. Con suerte, en un par de semanas ya habré terminado de aprender todos los ejercicios de la segunda parte




sábado, 5 de junio de 2021

La amenaza fantasma

 

Esta es una entrada que ciertamente no estaba en mi cabeza hace unos pocos días. En realidad iba a compartir otro tema de The Kruger Brothers, que de igual forma comparto, el cual me encanta y me motiva (o desmotiva) dependiendo del contexto y el estado de ánimo en el que me encuentre. También iba a hablar sobre que estoy a mitad de un "reto" compartido por Instagram, y lo pongo así porque practicar durante cien días seguidos es algo que no me es ajeno y más que hacerlo, el reto personal consiste (a pesar de todo sigo y seguiré) en pensar qué contenido compartir ya que por suerte las rutinas de práctica se han vuelto muy variadas e interesantes.


Como un preludio, de este estado-no estado en el que me encuentre, el algoritmo no me mostró el vídeo exacto del tema...En fin..

Pero algo pasó esta semana. O bueno, ese algo estaba latente desde que retomé el banjo a finales de marzo. El hiato en el que anduve desde septiembre del año pasado sabía que me pasaría factura, y así fue, porque la agilidad deseada no estaba en ambas manos, ciertos patrones rítmicos se habían embolatado, y la memoria me hacía malas pasadas en la medida que evaluaba el repertorio o los ejercicios que venía practicando antes del parón. Sin embargo, estos son detalles que ya esperaba y que asumí con tranquilidad (resignación también), sabiendo que recorría el camino de alguien que debe aprender a caminar tras un accidente complejo. Y en la medida que fueron pasando los días, incluso ya sumergido en este reto de los 100 días, el repertorio fue recuperado, los ejercicios también, e incluso me empecé a sumergir en nuevos temas, de forma lenta claro. Pero estaba el algo allí latente, en mi mano derecha exactamente, y a fuerza de escucharme en vídeos diarios, de sentirlo en cada compás, entendí que estaba pasando lo indeseado. Y es díficil de explicar, al menos a los demás, pero ese algo consiste en que mi mano derecha se siente ajena, y hace ruidos con el resonador que no hacía antes (y estoy seguro de eso porque la zozobra me ha llevado a escucharme en vídeos antiguos, los cuales ahora se sienten tan bellos en su sencillez) y también siento que los dedos se chocan entre ellos, que sabotean los patrones que me indica el tema o el ejercicio. 


Como este, el último estudio para banjo que he logrado sacar a flote, estoy yo, algo perdido en la niebla


Entonces fui consciente que iniciaba un juego mental, porque claro, son aspectos técnicos, la postura tal vez, la ausencia de callos en los dedos meñique y medio, de pronto la superficie gastada del resonador. Habían varias opciones, y por ende seguí trabajando, pero no de forma rígida, sino procurando prestar atención a todo momento, y supongo que esa concentración extra, me llevó a un estado que tal vez, o mejor dicho, con seguridad experimenta un músico, en la búsqueda del mejor sonido, la mejor interpretación. Simplemente sentí que colapsé, que el tiempo, que los arpegios, que la mano izquierda estuviera bien, que seguia el ruido en la derecha, que me perdía....Y caí en un pozo donde ahora me encuentro, escribiendo esto, después de practicar dos horas como normalmente lo vengo haciendo, pero una práctica rarísima, en la que fui incapaz de tocar bien algo del repertorio más simple, y en cambio recurrí a un tutorial que no tengo impreso, con la idea de distraer la cabeza y por supuesto, no oxidarme más. Todos estos días he jugado con el repertorio, los tiempos, las dificultades, en un intento por salir a flote, y tuve momentos buenos, avances, y me divertí haciéndolo, sé que sí, pero al mismo tiempo esa amenaza fantasma dejó de serlo y está aquí, conmigo, y no sé qué pensar, no hoy...

Siempre me he considerado una persona muy cerebral (demasiado, a veces), y algo que me fascina del banjo es que me ha permitido ser más sensible, explorar esa faceta y gozarla. Pero este algo, sé que es algo de técnica y no lo arreglo con un "diviertete tocando, abraza la música". Francamente no sé bien qué hacer (jaja eso de no tener profesor ciertamente no ayuda un carajo) y es curioso cómo en un nivel tal vez muy banal, esta situación la siento como cuando a alguien con problemas psicológicos le dicen "no te preocupes, todo va a salir bien, actitud positiva". O tal vez esto sí sea mental, y eventualmente recupere el sonido que sé que he tenido, con el aliciente de que mi agilidad en las manos ha aumentado, que la musicalidad es más clara muchas veces.

Por el momento, descansar, y seguir explorando mis manos en las próximas prácticas. Seguir adelante, como siempre lo he hecho, sin importar el destino. Y así suene melodramático, seguir la luz de aquellos faros que me tienen tocando banjo desde ya tantos años... 


Algún día...


domingo, 9 de mayo de 2021

Inspiración

En este mes que llevo de vuelta con el banjo, ciertamente he podido hacer un balance de cuales son mis falencias actuales, pero también de todo lo que se ha mantenido en la cabeza, de todo lo que he avanzado con el instrumento desde que compré mi primer banjo por el 2008, o que empecé este blog en 2012, o que me hice a este banjo que tantas alegrías me ha dado desde el 2010. En fin, es un proceso de autodescubrimiento que me gusta rememorar cada vez que puedo, para darme moral y no desistir, para desear tener más habilidades y poder expresar todo lo que considero que podría hacer con el banjo. 

Pero esta entrada es más bien musical y solo quería compartir algunos vídeos, algunos banjistas que en su musicalidad me inspiran a dar lo mejor de mí.


Conocí hasta hace poco el canal de Youtube de Michael Nix, pero lo que escuché realmente me voló la cabeza. Les recomiendo una explorada por su página. Tiene de todo un poco, como su proyecto de interpretar música completamente nueva y exclusiva para el banjo, y el uso de su "banjar", que busca integrar elementos de la guitarra clásica y el estilo tradicional del banjo.


A The Kruger Brothers los empecé a escuchar hace un par de años y sus discos The Appalachian Concerto y Spirit of the Rockies simplemente me fascinan. Afortunadamente, siguen igual de inquietos con este tipo de obras, y en años recientes han sacados dos albumes más con el grupo de cámara de The Kontrast Quartet titulados Lucid Dreamer y Roan Mountain Suite. El tema que comparto hace parte de este último álbum y se llama "Overmountain men". Son muy activos en redes por lo que les recomiendo visitar su página.


Sí, tengo mi sesgo hacia el estilo clásico, y eso a veces me aleja del mundo del bluegrass, y sí, hago mal, porque esos sesgos me han impedido de disfrutar aproximaciones musicales desde esa óptica. Este tema me lo recomendó una amiga hace un tiempo y es simplemente bellísimo. Noam Pikelny es un fuera de serie sin lugar a dudas.


Pero, que le hacemos. En la medida que uno va creciendo como músico (sí, digamos que sí jaja), nos vamos perfilando hacia ciertas sonoridades, ciertas apreciaciones del instrumento. De modo que este tema de Alfred Cammeyer, resumen bastante bien qué es lo que me gusta, y qué es lo que quiero seguir haciendo a futuro, qué es lo que me inspira. 

¡Tengo que aprenderme algún tema de Cammeyer este año!





domingo, 4 de abril de 2021

Caja negra

Corría finales de enero y terminaba de practicar un par de ejercicios que venía trabajando de meses atrás, y se me ocurrió hacer una entrada llamada "Lista de útiles", donde a manera de reto (y mecanismo de presión, ya conozco mi cabeza dispersa), planteé cuales podrían ser los retos a cumplir en el 2020, y de estos, por qué no, cultivar un par de vídeos para mi famélico canal de Youtube.

Bueno, pasaron los meses, viajé a Brasil, apareció en su dimensión real el "ya sabemos qué", tuve unos meses bastante frenéticos y productivos en distintos frentes, y como era de esperar, empecé a colapsar a mediados de septiembre...Este avión banjero se estrelló estruendosamente a final de año, al dejarlo (por motivos que aún me cuestiono) a mediados de Diciembre. Pasaron más meses, con amagos de un regreso a Brasil medio embolatado por cierta variante del "ya sabemos qué" (dicen que invocarlo varias veces lo espanta, qué se yo, cualquier cosa es válida ya en el año 2 de esta vaina), y finalmente hace unos días pude recobrar la caja negra de este siniestro aéreo que es mi nivel de banjo.

Terminé de practicar hace un par de horas, hoy 4 de abril, y he aquí el recuento de lo que se pretendía hacer:

  • Bueno, después de algunas largas logré hacer el especial que quería con los dos temas de Joe Morley: Mazurka, A moonlight serenade.
  • Una nueva versión del recital de banjo...Iba bien, hasta el colapso ya referido, ya que tengo algunas tomas (tomas decentes) grabadas de Odetta Waltz y Pop Corn (decidí sumar este tema), pero me falta pulir mucho (y más ahora), A Banjo Oddity, Ensign Schottische y la vaca loca que fue aprenderme el Lágrima de F. Tárrega.
  • Una nueva versión de duetos de temas. Vil fracaso, si bien tengo par temas en la cabeza.
  • Solace y Lazy Rhythm fueron tambien vil fracasos. Aún en mi mejor momento hubo progresos mínimos.
  • Ahora, una de mis mayores alegrías fue haber conseguido aprender todos los 17 ejercicios para principiantes de How to Excel on the Banjo. Punto para las crisis existenciales de marzo-abril jaja....Antes de fundirme empecé a trabajar también los siguientes 9 ejercicios del libro, que son para la mano derecha. Por ahora llevo tres...

  • Fallé en lograr un vídeo con todos los ejercicios diarios del tutorial de Joe Morley. En estos momentos, toca re-aprender todo, pero en un par de días creo que vuelvo al ejercicio 13, que era donde iba...
  • De aquí en adelante, una lista de fracasos jaja...Nada de The Legend of Zelda (solo el tema de The Great Fairy Fountain), ni especial de Halloween, ni temas de Cammeyer (los cuales son todos temas bellísimos), ni guitarrista clásicos, ni compositores colombianos, ni transcripciones. En fin, la hipocresía jaja.
La verdad es que la práctica con el instrumento me fue llevando por otros caminos, y no me justifico, porque trabajar el oído sigue siendo un pendiente, si bien he mejorado, pero en cambio, y de nuevo en mi mejor época, la cabeza me dio para componer algunas cosas, y crear, o al menos continuar con los pequeños estudios. Sí, fallé en la meta (y era una meta mínima) de grabar un vídeo con seis temas, pero ahí vamos....comparto abajo los dos que no había colgado en el blog, con la promesa de que al menos un quinto pequeño estudio ya estaba mecanizado (bueno, el año pasado, ahora me toca recuperarlo) y el sexto ya estaba en camino, y hay mamarrachos ya escritos en partitura.





En conclusión, ¿lograré tener de nuevo este insólito ritmo de producción? La verdad aún no lo sé. Por el momento estoy en el tortuoso, y ya conocido, proceso de recuperar los dedos, pero al haber vuelto a Brasil, a estudiar mis locuras paleontológicas en esta locura pandémica, y volver al banjo, me da la motivación que necesito, y de paso la cordura jaja. Vamos a ver qué vamos haciendo por el camino...


Seguiremos informando...


miércoles, 29 de julio de 2020

Tiempos modernos

He tardado más de lo que hubiera querido en organizar esta entrada. En parte, porque el motivo de la misma ha ido cambiando con el tiempo, y la forma cómo quería abordarla, sin sentirme superficial (y fallar, como sé que va a pasar aún ahora) en el mensaje.

Pero bueno, qué le hacemos. Comienzo con la siguiente pregunta:


¿Qué les despierta esta imagen?

Mirar detalladamente la ilustración puede llevar a diversas emociones, que me atrevo a pensar que todos experimentan: risas, menosprecio, curiosidad, indignación, indiferencia. La imagen que comparto corresponde a un "libro de canciones" titulado The Celebrated Negro Melodies (Virginia Minstrels, 1843). Ahora, si se explica el contexto en el que dicha imagen fue creada, o imaginada, es posible que nuevas emociones surjan o se refuercen algunas previas. Hace parte de una serie de espectáculos muy difundidos en Estados Unidos; los minstrels, los cuales entretenían al público en general, y que en su gran mayoría (sobre todo durante la primera mitad del siglo XIX) eran espectáculos hechos por blancos, que para emular "lo africano" se pintaban la cara con betún. Ahora, volviendo a la imagen, desconozco si los músicos retratados eran en realidad blancos o se trataba de músicos negros, pero es evidente el intento de caricaturizar sus facciones y actitudes, una práctica que siguió (¿o sigue?) siendo común durante muchas décadas más, después de guerras civiles, emancipación de esclavos, segregación y tiempos que llevan a un continuo recordatorio de que falta mucho, de multitudinarias propuestas como las observadas bajo la consigna del Black Lives Matter.  

Ahora, como decía al principio, la idea de esta entrada es compartir los sentimientos encontrados que tengo. Encontrados, porque así no lo quiera, o lo matice, crecí en un entorno que propicia el racismo, la xenofobia, la generación de clases, y dicho entorno causa, o que no me solidarice como debiera, o hiciera las cosas de la mejor forma, que no me queje por ese status quo, o que minimice lo poco que puedo hacer bien. Bueno, y allí, en esa encrucijada de dilemas y sensaciones extrañas, pero necesarias para ser lo empático y revolucionario que quisiera ser, está lo que comparto abajo... 

Como pichón de banjista, uno latino, producto de incontables mezclas y procesos culturales gestados en un país igualmente diverso, soy dueño de un instrumento con una mezcla increíblemente grande, un híbrido de continentes; que, para mayor hibridez lo uso para tocar piezas de origen europeo y en un siglo que ya no le pertenece. De modo que siento que lo mejor que puedo hacer desde el banjo, a parte de lo obvio, que es respetar, tolerar y apoyar toda causa que sea justa y necesaria en nuestras sociedad, es también compartir, dar un poco más de contexto de lo que es su esencia, su música, su uso como instrumento cultural...

A los interesados, tres vídeos de la genial Rhiannon Giddens, compartiendo sus puntos de vista del cómo el banjo representa cabalmente todo este proceso contradictorio y mágico que abarca la definición de los Estados Unidos. Igualmente, comparto un vídeo de Greg Adams (Center for Folklife and Cultural Heritage-Smithsonian), en el cual profundiza un poco más sobre los espectáculos minstrel. 
  




miércoles, 6 de mayo de 2020

O poder da criacão

Como un viejo recuerdo, o tal vez una broma irónica de la cabeza, pensé en esta canción de João Nogueira, cuando trataba de imaginar un título para esta nueva entrega del blog. Por cierto, ya entrados en gastos, comparto una versión en cavaco-banjo del tema, y de paso así todos (o sea, "a gente") practicamos un poco de portugués jaja (o sea, "kkk")


O poder da criacão

Creo que en la primera o segunda entrada de este año hice una relación de las cosas que quería alcanzar o progresar con el banjo. Hay experimentos y retos de distinto pelambre, pero aun así con estas condiciones de pandemia, o gracias a estas (la idea es no quejarme, he sido un lucky bastard, como dirían los gringos), he conseguido superar algunas de ellas, y en otras he logrado avances interesantes o prometedores. A un ritmo a veces lento, otras veces sorpresivo, he conseguido avanzar también con la idea de componer; componer como en los viejos tiempos, cuando era algo más cándido con lo que compartía en redes, sin importar las pocas habilidades y destrezas de ese momento, o tal vez el público era menos exigente (Nota mental, me llama la atención que los vídeos más elaborados, en lo visual y en la técnica del banjo, sean de los menos vistos jaja)...por cierto, ¿ya vieron mi canal de Youtube? jajaja Youtube Banjo Andino  

Bueno, la idea entonces es lo que llamo un refrito. Hace unos años procuré (imaginar el decir eso en portugués aun me causa gracia jaja), empezar a escribir una serie de pequeños temas o ejercicios, que en su momento llamé "petite etudes". Para hacer constancia comparto la entrada llamada Crear, !escrita hace seis años! Ciertamente su factura (aun la actual jaja) no es algo digno de un Leo Brouwer para la guitarra, pero me parecía no solo un ejercicio llamativo para mí, sino que también una pequeña contribución para el "extenso" repertorio que hay para el banjo en la también digamos "música académica". De modo que este año lamí mis heridas y empecé a revisar lo previamente escrito. Por el momento, de los estudios originales solo percibí como algo interesante lo que llamaba  "Pequeño estudio para banjo: Los Caídos"...

Primer arreglo, quitar ese nombre rimbombante, me faltan años luz para dármelas de Erik Satie jaja. El segundo, que ahora fuera el primer pequeño estudio, y finalmente, lo más clave en realidad, solventar algunos aspectos musicales con los que no me sentía cómodo. El resultado final viene a continuación.



Adicionalmente, este tema lo acompañé con una entrada sobre los Caminos Reales de Santander en el blog de Finis Semita (Hilos de plata)

El segundo pequeño estudio, sí podría decir que es exclusivo de este 2020. La idea más básica la empecé en Bucaramanga, probablemente a mediados de enero, cuando daba vueltas sobre cómo mejorar las rutinas de práctica. Pero en últimas, puedo afirmar que es un producto cien por ciento de este "encierro" y sus paisajes que invitan a la meditación. ¿Cual es la meta entonces? Creo que si llego al número mágico de 13 (por eso de llegar un viernes 13 a esta casa jaja), el material se presta, por qué no, a ser compartido como un libro virtual, para libre uso de desparchados y curiosos. 


Pequeño estudio para banjo 2. Made in Brazil

Ahora, ¿y las partituras? Existen, efectivamente, pero me las voy a guardar para un pequeño proyecto, o más bien un arreglo, que tengo pensado con el blog. Por el momento, reflexión banjera: Componer, practicar, son procesos cíclicos, de continua creación y destrucción, de altos y bajos, como todo lo que implica ese ente llamado arte. Fin de la reflexión jajaja

Por cierto, hace un par de días inicié la creación del tercer estudio pequeño. Vamos a ver qué animal engendro...


En sus mundos irreales, de creación y destrucción, M.C. Escher tenía razón... 

domingo, 5 de abril de 2020

El banjo en los tiempos del coronavirus

Tardó unos veinte años, pero al parecer la pandemia del coronavirus, aquel temido nombre, se convertirá en el primer gran hecho de este siglo que malvivimos, en el sentido de que poco o nada nos ha importado la desigualdad social, el capitalismo necrófilo, los refugiados por las guerras civiles, y las notorias señales de deterioro ambiental en el planeta. Poco o nada nos importaron, pero ahora, que esta crisis, esta coyuntura nos afecta a todos, llegó el momento de reflexionar en lo que tenemos, y en sortear de la mejor manera, siempre responsablemente, las nuevas normas sociales que se nos impondrán y el hecho de estar confinados, en un mundo que siempre lo percibimos como de puertas abiertas.

Y lo está, lo seguirá haciendo, solo que por el momento y por ende, para los afortunados, para los cientos de millones que esperaremos por un tiempo en casa y no en las trincheras de un hospital, en el control de los hechos básicos que nos define como sociedad, en la siempre dura lucha por conseguir algo de comer al día, debemos ampliar nuestros horizontes, ya sea a partir de compartir más tiempo con la gente que el azar hizo que nos rodeara, u organizar nuestras ideas a través de actividades, a través de procesos creativos. Y yo creo, que entre las múltiples enseñanzas que nos va a dejar este hecho, y espero que sea así, aun tengo fe en los límites medibles de la estupidez humana, es el hecho de que el arte (cualquier tipo, nunca fue un concurso) es nuestro bálsamo para lidiar con la adversidad, para de alguna forma trascender en el tiempo.


El antídoto para tantas cosas en el mundo...

No digo que toque el banjo por eso, por trascender en el tiempo, porque presintiera de tiempo atrás que llegaría el momento en que un banjo le ayudaría a mi cuerpo a tolerar todo esta presión emocional que estoy sintiendo ahorita, y que puesta de nuevo en perspectiva, es una presión ridícula en comparación con los dramas y dilemas que otras personas estén viviendo ahora, o desde que empezó esta cuestión del confinamiento y las medidas cautelares. Se trata más bien de un simple testimonio, de un registro de lo que ha sido la experiencia del banjo en esta cuarentena...

A Brasil llegué recién empezó la cuestión, por lo que si bien no hubo tiempo de verme con mis compañeros de universidad o de hacer las mínimas vueltas de preparación, tuve la buena fortuna de haber llegado a una zona aislada dentro de la ciudad, donde puedo estudiar y practicar a mi gusto, con el espacio y el tiempo apacible para hacerlo; por ejemplo, al frente de una laguna y bajo la banda sonora de un pequeño bosque. Y uno pensaría, eso está más que bien, dadas las circunstancias de muchos, pero inevitablemente la saturación de información por redes y la nostalgia, en cierta medida el arrepentimiento por estar aquí, hizo que la cabeza me jugara pasadas los primeros días e incluso, el banjo, que es mi último refugio mental, fuera socavado en sus a veces inestables bases...


En la búsqueda de un balance

Entonces, como siempre toca en estos casos, la misma mente, su increíble capacidad de recurrir a los instintos más básicos, te lleva a buscar metas, a intentar establecer un orden en medio del caos o la desazón que te carcome. Y así empezaron las caminatas diarias por el lago, el escuchar una lista de música tropical para levantarme el ánimo, el imponerme tareas de la universidad y de ñoñeras propias, el buscar que los almuerzos no sean tan desastrosos, en seguir adelante. Y dentro de todo eso, dentro de mis prácticas diarias, surgió un pequeño reto con el banjo, que era el terminar los ejercicios del tutorial de Emile Grimshaw, al menos los ejercicios para principiantes. De modo que empecé a grabar uno por día y a compartirlos después, hasta que por más que inercia, se trató de práctica, hace dos días compartí el último. Lo sé, puede sonar a una victoria enormemente pírrica frente a los grandes dramas humanos, pero para mí representa lo que siempre ha sido el banjo en mi vida: tenacidad.

Sé que ya lo he referido hasta el cansancio, que empecé en el 2009, que fue por mi cuenta, que nunca he tenido un profesor de banjo, y así por el estilo sigue la lista. Pero a lo que quiero llegar, sí, una vez más, es que el banjo es una alegoría de lo que es y lo que quiero que siga siendo mi vida. El banjo es, y seguirá siendo la palabra resiliencia, será una parte de mi corazón. La otra parte, me espera en casa...


El resultado final de estos tiempos iniciales de cuarentena