La motivación probablemente es una de los aspectos más difíciles de mantener. Funciona como un espejismo en el desierto, de tal forma que mientras caminas, mientras hay agua en la cantimplora y el sol no apremia, hay tranquilidad. Pero, en cuestión de un chasquido de dedos (referencias de Avengers de alguien que no ve mucho Marvel jaja), aquella imagen del oasis con sus palmeras desaparece, y quedas en medio de dunas gigantescas, esperando a que un gusano de extensiones kilométricas te engulla y seas consumido por la oscuridad (referencias de Dune de alguien que por fin leyó el libro jaja).
Y nos sucede a todos, tal vez no de la forma dramática que expongo arriba, pero en definitiva es algo que rige nuestras actividades más cotidianas. La falta o no de motivación, lo determina todo en el mono desnudo. Ahora, ya especulando, por ejemplo creo que Rob Mackillop, uno de los banjistas que más admiro, la había perdido con el instrumento, y tal vez por eso lo había dejado de lado tanto tiempo. De tal forma, que siendo parte de su leal audiencia en su canal de Youtube, fue muy grato ver un vídeo nuevo de él hace unos días, con un banjo en sus manos, mostrando el camino y sus nuevos proyectos banjísticos.
Tres bonitos temas en un banjo Stewart de finales del siglo XIX. A diferencia del mío, este es un bellísimo modelo sin trastes (Modelo S.S. Stewart Orchestra 2 Champion banjo)
Según me contó, y ahí está el origen de la entrada y mi carreta sobre la motivación, Rob retomó el estudio del banjo con la idea de grabar un disco con temas del siglo XIX; esta vez con obras de Frank Converse, uno de los banjistas más importantes en la época dorada del estilo clásico. Como todo regreso, él mismo admite que tiene que trabajar mucho, pero ganas ni talento le faltan, así que con seguridad habrán más vídeos y el proyecto que tiene seguirá a flote. La motivación está presente.
Pero, ¿y mis motivaciones? Como la baja recurrencia de las entradas del blog lo indican, ha sido un proceso caótico, por lo menos en los meses/años pasados. Por fortuna, tanto la diversificación de los ejercicios, el trabajo de recuperar el repertorio perdido, el aprender nuevos temas y el buscar nuevas formas de contar mi experiencia, han permitido que la motivación crezca, y como suele pasar, que los dedos respondan (a veces a velocidades distintas, pero eso no importa) y que gane confianza en lo que me define con el instrumento, el alma banjera, por usar ese apelativo. La idea es continuar, y seguir compartiendo este proceso a través de mi canal en Youtube y en la cuenta de Instagram (@banjo.odyssey). Naturalmente, con este tipo de experiencias en redes sociales uno busca cierto grado de aceptación, de reconocimiento, pero no olvido que ante todo esto ha sido un ejercicio de documentación y de compartir lo que representa el instrumento para mí en todo sentido.
De igual forma, siempre es emocionante, ver que de cierta manera las redes permiten acercarnos con gente que uno apenas conoce en su faceta artística y que en ese acercamiento se encuentren palabras de apoyo, sobre todo de gente que admiro como Rob. Sí, puede sonar superficial o algo tonto, pero ese tipo de hechos, son los que te ayudan a mantener la motivación, a entender que el espíritu de lo que llame hace casi siete años "banjo andino" sigue ahí, latente. En realidad, nunca se ha ido, !y eso es simplemente genial!
Naturalmente, la audiencia del banjo clásico no es que tenga mucho rating (aún), pero fue genial leer esa sencilla notificación
El juego que me propongo es simple. Imagino que estoy caminando por algún lugar de Bucaramanga, en este caso que sea Cabecera. En una mochila llevo algunas partituras, dos o tres de los métodos de banjo que me acompañan desde hace ocho años (¿Morley, Bradbury, Agnew?, quien sabe, mi imaginación es caprichosa). Detrás mío, como si estuviera cosido a mi espalda, se encuentra el estuche negro que me regalaron en el 2014, antes de los primeros viajes por fuera, y dentro del estuche, un banjo que no canso de repetir que es centenario, un banjo que compré y toqué por primera vez en mayo de 2013. Y en ese juego estoy enamorado de mi banjo; un amor de locos, que ha calado de una forma tan absurda que olvidé que de niño me gustaban los dinosaurios y que veía documentales sobre paleontólogos. Olvidé que inventaba juegos en soledad, basados en datos de almanaques mundiales y enciclopedias. Olvidé que empecé a leer por obligación, que odié Juan Salvador Gaviota y Viaje al Centro de la Tierra, pero que poco tiempo después me obsesioné con otras historias de Verne, con los cachiporros descritos en Siervo sin Tierra, y que me impactó la imagen de Raskolnikov y su hacha ensangrentada. Olvidé que después de leer, escribía algunas cosas, para después perder los cuadernos en mudanzas. Olvidé que no había crecido con instrumentos en mi casa, que no me interesaban, solo el fútbol, y que tras un festival de bandas en Piedecuesta, en segundo o tercero primaria, odié lo que para mí implicaba ser músico: dolor en los dedos e insoladas en parques.
De modo que dentro de tantos olvidos, también se perdió el recuerdo donde crecí, y el modo que descarté guitarras, pianos, trompetas, cajas de percusión, todo lo que representara esa infancia lejana. Se perdieron los recuerdos del Salesiano, y del camino profesional que con dinosaurios se perfilaba. Olvidé incluso lo que era más cercano a ese momento en Cabecera y el banjo detrás mío. Olvidé la noche que me despedí de mis papás en el terminal de buses y la vida (la no-vida, porque allí moría una época bella) que se quedaba en Bucaramanga. Olvidé las mañanas en la Nacional, los salones de ese extraño edificio que es el Manuel Ancízar, las salidas de campo, los aguaceros, el robo furtivo en un portal de Transmilenio, los atardeceres de San Andrés durante una pasantía inolvidable, mi regreso y mi nueva salida de Bucaramanga, los viajes, las frustraciones, los nuevos proyectos, el almuerzo de minutos antes en la casa...Y en ese instante del juego, suele ser así, veo mi rostro reflejado en los vidrios de algún almacén de zapatos, y el ruido del tráfico a esa hora pierde significado, la gente que transita alrededor mío, también. Ahí se acaba el juego, las cuerdas que me sostienen se rompen de una buena vez, porque si bien yo sé que las facciones, la medio sonrisa, los ojos apagados, son los míos, algo no está bien.
Ese no soy yo.
El juego ha terminado. Soy una mitad de lo que olvido hipotéticamente en Cabecera. La otra mitad, la que juega a ser banjista, a escritor, a ser alguien, siempre está por hacerse...Le digo lo que los años y la rutina me han indicado que es lo más prudente: nos vemos pronto...
Esta entrada en realidad es bastante corta. He notado que las entradas largas conspiran con este blog, en el sentido de que les doy largas (un ejemplo claro, el vídeo pasado) y de paso me comprometen a metas que no cumplo o que dejo pasar...Son tantas cosas por contar, en fin.
¿Qué ha sido del banjista en este 2018? Mucho trabajo, poco trabajo banjístico....Pero, esta no será otra entrada llorona, ¡no señor! Han sido meses productivos y pese a la intermitencia, los dedos han respondido; incluso por ratos me indican el nivel que tuve hace un tiempo. Si soy juicioso, vuelve, lo sé...De igual forma, este término de año se siente más benévolo con mi tiempo y de a poco, como pasa con el pasto que se corta, las ideas y proyectos vuelven a germinar...
Por ejemplo, Skeleton Dance del banjista Norton Greenop, es probablemente uno de los temas más particulares del repertorio del banjo clásico. Y digo particular porque tiene la sonoridad típica que define lo que se suelen llamar como "canciones de Halloween". Por ende, es una práctica común (claro, entre banjistas clásicos), que para estas fechas se compartan vídeos con este tema.
Bueno, aun con la intermitencia que definieron septiembre y octubre fui capaz de aprenderme dos secciones del tema, y pues, tratando de seguir con el estilo del recital pasado, jugué con el contenido del vídeo, en este caso en una clara referencia a The Blair Witch Project (¿en serio? casi ni se nota jaja) y un par de pinturas del siglo XIX.
Ya para este instante, aprendí las dos secciones restantes y confío colgar el vídeo completo en los próximos meses (soy más cauto, no daré fechas jaja). Lo que sí es un hecho es que para diciembre publicaré un vídeo dedicado a Samuel Stewart. El porqué y el tipo de contenido, ya lo indicaré.
Por el momento, les comparto el vídeo hecho, así como el de los muchos que se encuentran de ese tema peculiar...
¡Me encanta la sonoridad de ese tema!
Hay muchas versiones de Skeleton Dance. ¡Esta es genial!
Esta entrada se encarga de concluir lo que terminará llamándose "la trilogía de octubre" (¡¡por lo de Octubre del 2016!!...algunas veces mi intermitencia no conoce límites). Como todas las trilogías crispeteras de Hollywood, tomó mucho tiempo en concluirse, y los críticos de cine odiarán o amarán el resultado obtenido, pero aquí vamos.
En capítulos anteriores... En un fin de semana de octubre de 2016, grabé en el CEMB (posicionamiento de marca, que llaman), varios de los temas de mi dilatado y heterógeneo repertorio (¡me tengo que dar crédito alguna vez!). La primera entrada habló un poco sobre lo que buscaba con esta idea, una especie de recital con una calidad de sonido y vídeo superiores a mis experimentos previos (para los banjoandinófilos consumados, lo que he venido llamando como las "sessions"...si bien han sido como tres no más). También compartí algunas impresiones y de paso le di publicidad a La La Land (y sí, volvió a mi cabeza la pegajosa Someone in the crowd)
La segunda entrada fue más logística, hablando sobre algunos problemas que tuve (por suerte ya controlados) con la tensión del parche y los brackets. Ya después referí, en realidad muy pobremente en ambas entradas, que algunos temas salieron bien y otros no. A la larga hablé de la tensión y los temores al sentirme grabado, las luces y las continuas tomas. Pero en realidad no mencioné que temas grabé, ni siquiera el hecho de que al menos uno era nuevo (un waltz de Ferdinando Carulli)...
¡De tal forma que para no extenderme les comparto más bien el resultado final!
De todas las pinturas que incluí, esta de H.O. Tanner (Abraham´s oak) fue la que me cautivó y por ende la escogí como la portada del vídeo. Transmite la dosis exacta de nostalgia y calma que suelen procesar mis neuronas
En un principio la idea era aprovechar las imágenes que habíamos tomado durante esos dos días e irlas insertando en la medida que iba cambiando de tema. Sin embargo, cuando POR FIN me decidí a editar en su totalidad las grabaciones que quedaron decentes, me di cuenta que podría adicionar algo más; después de todo las muecas que hago mientras toco no pueden ser lo único que genere recordación en cada tema compartido en Youtube. Como no tenía a la mano un pasiaje llamativo, un perro acompañándome, o aves anónimas al fondo, opté por jugar entonces con pinturas que me llamaran la atención; imágenes que de alguna forma pudieran estar relacionadas con la intención del tema, sus dinámicas y distintas secciones
The Banjo Lesson (H.O. Tanner). Esta pintura me pareció bellísima, muy íntima
¡Y funcionó!, al menos para mí, ya que me permitió explorar y por qué no, enriquecer el proceso de edición de mis vídeos; tanto, que probablemente repita la experiencia con futuros proyectos. Ahora, el orden de las granbaciones fue algo deliberado, ya que buscaba que los temas y sus intenciones quedaran repartidos por el recital y que el tema más largo, que terminó siendo Sunflower Dance, quedara hacia el final.
Bar Room Scene de W.S. Mount. Por el tipo de dinámica propuesta por Reckless Rufus, me pareció una pintura propicia
Bueno, las primeras grabaciones correspondieron a Spanish Fandango, un tema tradicional (muy tradicional y divertido de tocar la verdad) y Reckless Rufus, un tema de C.R. Poutry, el cual conocí por el maravilloso tutorial de banjo de Agnew (tutorial del que hablé en una entrada llamada El tesoro del saber). Dado que ambos son temas que evocan lo tradicional, de alguna forma, lo rural que caracteriza muchos temas banjísticos, me concentré entonces en colocar cuadros representativos de H.O. Tanner y W.S. Mount, ambos pintores americanos muy reconocidos de finales del siglo XIX. Para el caso de Spanish Fandango me gustó el hecho de plantear el tema como un viaje musical, una especie de sueño donde cada sección correspondiera a un paisaje o a un recodo custodiado por la memoria, de tal forma que llegar a la sección final correspondió al despertar de aquel sueño.
En el caso de Recklesss Rufus las sensaciones son distintas, como una especie de relato, pero uno chistoso, de los que arrancan sonrisas. Por ende recurrí a las pinturas de W.S. Mount las cuales de alguna forma, no sé si la apropiada en estos tiempos de ciberactivismo, muestran esa picardía del Sur americano, la del Tío Tom y las historias de Mark Twain. En particular este tema me gusta desde la primera vez que lo escuché. Es entretenido y para efectos prácticos, también es un buen ejercicio para la mano derecha.
Fragmento de un cuadro que se conoce como The Old Plantation. En este, los origenes claramente africanos del banjo, para desgracia de uno que otro supremacista blanco que por accidente o curiosidad leyera esta entrada
La tercera grabación correspondió a Bijou Waltz, un tema más bien sencillo (no muy bien tocado por cierto) del tutorial de W.M.C. Stahl. Aquel fue un manual que trabajé hace un tiempo, si bien lo he dejado un poco al lado (ya lo estoy retomando). Dado que el libro fue publicado en Milwaukee a principios del siglo XX, como con casi todos los tutoriales que tengo, me pareció genial compartir ilustraciones de la ciudad, a la manera de un vídeo que por cierto me fascina y que ya he compartido en una entrada anterior (Solace - A Mexican Serenade de S. Joplin). Sin embargo, para no despegarme de la estética de los cuadros anteriores, agregué en la sección final, The Old Stagecoach del también americano E. Johnson.
Ahora, el siguiente tema fue la novedad del recital, ya que aunque lo había aprendido meses antes a la grabación, lo había reservado (sin saber) para una ocasión especial. Se trata de un arreglo de John Bullard (el banjista que referí en entradas anteriores) para un valse del italiano Ferdinando Carulli. John tuvo la gentileza de compartir un tutorial de ese tema en su canal de Youtube y dado que me encantó y lo sentí viable, me animé a grabarlo. La velocidad con la que lo ejectué no fue la más alta pero me di por bien servido. Para este tema utilicé grabados principalmente de tutoriales de banjo que uso, si bien no tengo muy claro la fuente precisa de estos. Mea culpa. En la parte que considero es el clímax, quise hacer un contraste y por eso adjunté el fragmento de una pintura muy conocida, pero de la que se desconoce su autor (The Old Plantation).
The Bear Dance (W.H. Beard) Como con muchas fiestas, su hallazgo fue más que oportuno para la idea que buscaba en Pajama Dance
El siguiente tema fue otro viejo conocido: The Marionettes Frolic, del tutorial básico (tiene tomos más complejos) de A.J. Weidt. Para nada fue una sorpresa que el nombre que tiene y su simpleza me indujeran a inundar esta grabación con fotos de marionetas. Para el lector suspicaz, sí, son imágenes de libre acceso, y compiladas en Wikipedia. En estos momentos estoy trabajando en la parte del segundo banjo que tiene este tema; la idea es hacer un vídeo con ambas partes juntas. Ya les contaré...
A la larga creo que la edición que más me gustó fue la de Pajama Dance (F. Bradbury, un tutorial que aún no discuto en el blog) ¿Por qué? Porque es un tema bastante alegre, con secciones distintas entre ellas y que invitan a lo que es este tema: un baile. Por tal motivo, me decanté con las pinturas festivas de los holandeses P. Bruegel (El viejo y el nuevo). Lo que me pareció genial es que esta danza la sentí como un aquelarre y buscando imágenes me topé con The Bear Dance (W.H. Beard), la cual claramente me sugirió el climax fiestero que buscaba hacia la parte media. Finalmente, en mi búsqueda para un final apropiado apareció otra pintura de los Bruegel (The Land of Cockaigne, su nombre así genere suspicacias, no tiene ninguna relación con una de nuestras problemáticas modernas); en últimas el guayabo después de tanta fiesta y desorden.
Vincent, Vincent, ¿qué se puede decir de él que suene novedoso? Tal vez muy poco, pero quién quita que el tema de Vess Ossman y sus alegres girasoles hubiera sido de su agrado.
Llegué al final, y para grata sorpresa mía, logré grabar una versión decente de Sunflower Dance, probablemente uno de los temas más populares en el repertoio del banjo clásico. Es curioso que se cumplen 5 años de la única grabación que he hecho del tema. Haciendo memoria, moría por compartir un vídeo en el que mostrara el S.S. Stewart que recién había comprado. Nunca dejará de ser un recuerdo maravilloso. El caso es que Sunflower Dance (al igual que el temible Clematis Waltz que nada que termino) se me había convertido en una especie de coco, y nunca conseguía grabar una versión actualizada y limpia del mismo. Pero, los astros se alinearon (al menos en eso) en ese fin de semana de octubre. De forma apenas natural, el tema fue la excusa perfecta para incluir algunos de los girasoles creados por el genial van Gogh, y dejar hacia el final al autor mismo (una pintura de P. Gauguin en este caso). Al igual que en Spanish Fandango me gustó los contrastes que obtenía al incluir pinturas de paisajes, una especie de respiro para los remates finales.
¡Y ya! De esa forma conclui este primer recital, y digo primero porque la idea y el concepto me gustaron. Por enden, vienen nuevos proyectos y futuras entradas de las que ya iré hablando. Una es jazzistica (próxima entrada) y la otra si es de largo aliento, si bien la meta es lograrla este 2018 (tiene que ser así, ¡si no se pierde gracia!)
Por ahora los invito a que se echen una pasada por mi página de Youtube (German David Patarroyo...lo admito, no es el nombre más original) y mi cuenta de Instagram @banjo.odyssey (esta si más original)
Sí, esta entrada lleva el nombre de la monumental obra de Marcel Proust, una que de por sí aun estoy en mora de leer. A pesar de ese minúsculo detalle, chiquitico, el título me pareció apropiado para plasmar todo lo que siento al momento de empezar esta entrada, la primera del año, y una después de un silencio sepulcral de varios meses.
Como nunca me había pasado, tuve un período de tiempo enorme de inactividad, TOTAL, uno que reflexionando en las últimas semanas podría compararlo a perderse en un camino de niebla, uno en el que tal vez por torpeza, se consideró como la opción más prudente el dejar de caminar, y esperar a que la niebla cesara o se disipara un poco. ¿Pero, y si eso no pasa? Sí, la niebla sigue a mi alrededor aun después de acostumbrame a la misma. Y bueno, pues ese fue mi caso, sencillamente me quedé esperando, viendo desaparecer, a veces conscientemente, otras no, buena parte de lo que he aprendido en estos años: temas, ejercicios, rutinas de aprendizaje, hasta que llegó el punto en el que realmente me pregunté que había pasado. Y bueno (de nuevo), es una pregunta que aun no logro responder, tal vez nunca lo haga, por lo que con niebla o no, cansado, lleno de temores por la incertidumbre, la fatalidad del tiempo, el mañana, la soledad y la resignación, el caminante extraviado se da cuenta que el sendero sigue por ahí y se retoman los pasos.
Una foto del pasado lejano, cuando era más juicioso. Apenas para recordar lo que fui alguna vez y que puedo volverlo a ser...
Y así han sido estos días y semanas, recuperando de a poco todo lo que he olvidado, TODO, con esa extraña mezcla de ambición por las metas previamente conseguidas, y frustración o tristeza por las metas previamente olvidadas.
Por fortuna, el placer, el gran placer de tocar el banjo, de sentir su sonido, de imaginar lo que puedo ser a pesar de todo y del tiempo perdido, están ahi cuando abro los tutoriales y repaso/aprendo/lucho con las partituras en las noches bumanguesas...
A eso lo suelen llamar como volver a empezar, es recuperar una parte de mi.
Prometí dos entradas sobre las grabaciones de octubre de 2016. Cumpliré mi promesa. Más que todo porque la primera sesión estuvo plagada de todo un enjambre de situaciones que definen cualquier grabación o similares: problemas en los micrófonos (un poquito más de volumen, coloquemos este más pegado a las cuerdas, la entrada de este no coge, etcétera), incomodidad en la silla (de parte mía, supongo que un estado mental), dedos torpes y nerviosos, luces que encandelillan, celulares no apagados y así puedo seguir un buen rato citando el rosario de futuros adversos jeje.
Todo listo para el estreno en la sala de conciertos del CEMB
Hacia el final, mucho cansancio tanto de parte mía como de Yevgeniya, a la que de paso le agradezco toda su paciencia y versatilidad, considerando sus funciones de mamá. Sé bien que grabar es todo un rollo (los vídeos de mi canal de Youtube, por más sonrisas mostradas al final, esconden un montón de errorcillos y estrés cuidadosamente destilado jeje) por lo que grabar en mejor calidad, ¡lo es aún más!. Hace unos días que estuve en un concierto en formato streaming, un peldaño más alto en situaciones de estrés e inconvenientes de última hora, vi en los rostros de angustia (disimulada o no) de los organizadores, el reflejo de esa experiencia de octubre. Por cierto, ya que estamos en modo pautas publicitarias en mis últimas entradas, los invito a que chequeen la página de DirectPlay (los estresados que comentaba). Los encuentran en las redes sociales habituales para que estén pendientes y disfruten de la movida musical en Bucaramanga, así no estén en la misma.
Acomodados los micrófonos y evaporado el miedo escénico (su representación clásica) empezamos las grabaciones, confiados en que no habrían más dificultades...Error. Como el monstruo de la niñez que se escondía debajo de la cama, se asomó un problemilla que me había estado visitando pero del que no había sopesado su influencia. En medio de una de las tomas de A banjo oddity, comencé a tener problemas con la primera cuerda.
A banjo oddity de Joe Morley...bueno, el intento
Como en las veces anteriores, cada vez que pasaba eso me limitaba a ubicar la primera cuerda de nuevo en el puente, afinar y retomar el tema que estaba trabajando. Vino una segunda y tercera toma fallida por la cuerda rebelde. Después vino la cuarta, la quinta, hasta que algo exasperado, admití la sugerencia de Oscar de que "algo no es normal en esto". Efectivamente. Revisamos los brackets (las barras metálicas que generan la tensión en el parche) y notamos (bueno, Oscar) que estos giraban en algunos momentos sobre su eje, a manera de un trompo. Al no estar firmes, no había suficiente tensión en el parche, y por ende el puente era susceptible de moverse, Toda esa cadena de eventos es lo que causaba que la bendita cuerda se saliera. Manos a la obra entonces. Por medio de una llave apretamos las barras y voilà, el sonido mejoró ostensiblemente y pude retomar mi lucha por sacar una toma buena...Salieron al menos 4 temas y una vez termine de escoger las mejores grabaciones (incluyendo las dos sesiones hechas) mi meta es compartir un nuevo vídeo de banjo (una especie de pequeño concierto...). Consciente de que el incidente del parche demandaba de más atención mía, compré la llave para apretar las barras regularmente. Lo recomendado es una vez al mes por lo menos. Ya les contaré si pasa algo raro.
El set de herramientas en caso de emergencias banjeras
En la segunda sesión (al día siguiente) probamos únicamente los micrófonos, tal vez conscientes de que más allá del encanto del vídeo, buscábamos unas buenas grabaciones de los temas. Como en la primera sesión, hubo muchas tomas fallidas, pero para agrado mío, en ese día loco de referendo en Colombia, salieron unos temas que harán parte de un vídeo nuevo en Youtube. Ya les contaré mis impresiones en la próxima entrada,..
Pasó la fiebre con los premios Oscar y una vez terminen los memes sobre la premiación a mejor película y pase el tiempo, tal vez logre sacarme de la cabeza las pegajosas canciones de La La Land...¡o tal vez no!
Muy bonito el timbre de este modelo de banjo. ¡Sería genial escuchar esta versión pero con dos banjistas!
Motivado por lo escuchado y el deber moral de publicar una entrada que tengo en mora desde el año pasado, voy a compartir un par (o tres, ya veré como va la cosa) de entradas sobre un par de grabaciones que hice en octubre. Fueron dos fines de semana antes de mi viaje al sur, donde intenté grabar en un formato más profesional algunos de mis temas favoritos. No lo logré con algunos, pero con otros hubo gratas sorpresas.... El lugar de grabación: las nuevas (nuevas para el blog) instalaciones de la escuela de música (Centro de Educación Musical de Bucaramanga, CEMB) donde han venido "puliendo" este diamante en bruto (sobretodo lo bruto jaja) desde el 2009. Publicidad gratuita: es un sitio genial, "con todos los juguetes" para los que quieran tocar/aprender y a cargo de tres personas maravillosas, llenas de ideas e iniciativas para divulgar las manifestaciones musicales en mi querida Bucaramanga. Más información pueden consultar en las redes sociales del CEMB (Hay para todos los ciber-gustos).
Terminamos entonces las filmaciones el año pasado y ahora me encuentro en labores de edición, escogiendo las mejores tomas, compilando bloopers ni más faltaba y comprobando una vez más, con alegría, que el proceso sigue y que un Grammy o un premio de la academia por mejor banda sonora no está tan lejos como pensaba...Si Morricone casi se nos va sin ninguno, no podré yo...Unos pequeños adelantos...
De esa primera sesión salieron fotos de la chiquilla muy bonitas
A manera de teaser, uno de los vídeos fallidos (A banjo oddity del gran Joe Morley) y sí, Yevgeniya, una vez solucionamos el problema de la primera cuerda (detalles en la siguiente entrada) me divertí mucho...Hice mis acostumbradas muecas, pero que le hacemos jeje