miércoles, 29 de julio de 2020

Tiempos modernos

He tardado más de lo que hubiera querido en organizar esta entrada. En parte, porque el motivo de la misma ha ido cambiando con el tiempo, y la forma cómo quería abordarla, sin sentirme superficial (y fallar, como sé que va a pasar aún ahora) en el mensaje.

Pero bueno, qué le hacemos. Comienzo con la siguiente pregunta:


¿Qué les despierta esta imagen?

Mirar detalladamente la ilustración puede llevar a diversas emociones, que me atrevo a pensar que todos experimentan: risas, menosprecio, curiosidad, indignación, indiferencia. La imagen que comparto corresponde a un "libro de canciones" titulado The Celebrated Negro Melodies (Virginia Minstrels, 1843). Ahora, si se explica el contexto en el que dicha imagen fue creada, o imaginada, es posible que nuevas emociones surjan o se refuercen algunas previas. Hace parte de una serie de espectáculos muy difundidos en Estados Unidos; los minstrels, los cuales entretenían al público en general, y que en su gran mayoría (sobre todo durante la primera mitad del siglo XIX) eran espectáculos hechos por blancos, que para emular "lo africano" se pintaban la cara con betún. Ahora, volviendo a la imagen, desconozco si los músicos retratados eran en realidad blancos o se trataba de músicos negros, pero es evidente el intento de caricaturizar sus facciones y actitudes, una práctica que siguió (¿o sigue?) siendo común durante muchas décadas más, después de guerras civiles, emancipación de esclavos, segregación y tiempos que llevan a un continuo recordatorio de que falta mucho, de multitudinarias propuestas como las observadas bajo la consigna del Black Lives Matter.  

Ahora, como decía al principio, la idea de esta entrada es compartir los sentimientos encontrados que tengo. Encontrados, porque así no lo quiera, o lo matice, crecí en un entorno que propicia el racismo, la xenofobia, la generación de clases, y dicho entorno causa, o que no me solidarice como debiera, o hiciera las cosas de la mejor forma, que no me queje por ese status quo, o que minimice lo poco que puedo hacer bien. Bueno, y allí, en esa encrucijada de dilemas y sensaciones extrañas, pero necesarias para ser lo empático y revolucionario que quisiera ser, está lo que comparto abajo... 

Como pichón de banjista, uno latino, producto de incontables mezclas y procesos culturales gestados en un país igualmente diverso, soy dueño de un instrumento con una mezcla increíblemente grande, un híbrido de continentes; que, para mayor hibridez lo uso para tocar piezas de origen europeo y en un siglo que ya no le pertenece. De modo que siento que lo mejor que puedo hacer desde el banjo, a parte de lo obvio, que es respetar, tolerar y apoyar toda causa que sea justa y necesaria en nuestras sociedad, es también compartir, dar un poco más de contexto de lo que es su esencia, su música, su uso como instrumento cultural...

A los interesados, tres vídeos de la genial Rhiannon Giddens, compartiendo sus puntos de vista del cómo el banjo representa cabalmente todo este proceso contradictorio y mágico que abarca la definición de los Estados Unidos. Igualmente, comparto un vídeo de Greg Adams (Center for Folklife and Cultural Heritage-Smithsonian), en el cual profundiza un poco más sobre los espectáculos minstrel. 
  




miércoles, 6 de mayo de 2020

O poder da criacão

Como un viejo recuerdo, o tal vez una broma irónica de la cabeza, pensé en esta canción de João Nogueira, cuando trataba de imaginar un título para esta nueva entrega del blog. Por cierto, ya entrados en gastos, comparto una versión en cavaco-banjo del tema, y de paso así todos (o sea, "a gente") practicamos un poco de portugués jaja (o sea, "kkk")


O poder da criacão

Creo que en la primera o segunda entrada de este año hice una relación de las cosas que quería alcanzar o progresar con el banjo. Hay experimentos y retos de distinto pelambre, pero aun así con estas condiciones de pandemia, o gracias a estas (la idea es no quejarme, he sido un lucky bastard, como dirían los gringos), he conseguido superar algunas de ellas, y en otras he logrado avances interesantes o prometedores. A un ritmo a veces lento, otras veces sorpresivo, he conseguido avanzar también con la idea de componer; componer como en los viejos tiempos, cuando era algo más cándido con lo que compartía en redes, sin importar las pocas habilidades y destrezas de ese momento, o tal vez el público era menos exigente (Nota mental, me llama la atención que los vídeos más elaborados, en lo visual y en la técnica del banjo, sean de los menos vistos jaja)...por cierto, ¿ya vieron mi canal de Youtube? jajaja Youtube Banjo Andino  

Bueno, la idea entonces es lo que llamo un refrito. Hace unos años procuré (imaginar el decir eso en portugués aun me causa gracia jaja), empezar a escribir una serie de pequeños temas o ejercicios, que en su momento llamé "petite etudes". Para hacer constancia comparto la entrada llamada Crear, !escrita hace seis años! Ciertamente su factura (aun la actual jaja) no es algo digno de un Leo Brouwer para la guitarra, pero me parecía no solo un ejercicio llamativo para mí, sino que también una pequeña contribución para el "extenso" repertorio que hay para el banjo en la también digamos "música académica". De modo que este año lamí mis heridas y empecé a revisar lo previamente escrito. Por el momento, de los estudios originales solo percibí como algo interesante lo que llamaba  "Pequeño estudio para banjo: Los Caídos"...

Primer arreglo, quitar ese nombre rimbombante, me faltan años luz para dármelas de Erik Satie jaja. El segundo, que ahora fuera el primer pequeño estudio, y finalmente, lo más clave en realidad, solventar algunos aspectos musicales con los que no me sentía cómodo. El resultado final viene a continuación.



Adicionalmente, este tema lo acompañé con una entrada sobre los Caminos Reales de Santander en el blog de Finis Semita (Hilos de plata)

El segundo pequeño estudio, sí podría decir que es exclusivo de este 2020. La idea más básica la empecé en Bucaramanga, probablemente a mediados de enero, cuando daba vueltas sobre cómo mejorar las rutinas de práctica. Pero en últimas, puedo afirmar que es un producto cien por ciento de este "encierro" y sus paisajes que invitan a la meditación. ¿Cual es la meta entonces? Creo que si llego al número mágico de 13 (por eso de llegar un viernes 13 a esta casa jaja), el material se presta, por qué no, a ser compartido como un libro virtual, para libre uso de desparchados y curiosos. 


Pequeño estudio para banjo 2. Made in Brazil

Ahora, ¿y las partituras? Existen, efectivamente, pero me las voy a guardar para un pequeño proyecto, o más bien un arreglo, que tengo pensado con el blog. Por el momento, reflexión banjera: Componer, practicar, son procesos cíclicos, de continua creación y destrucción, de altos y bajos, como todo lo que implica ese ente llamado arte. Fin de la reflexión jajaja

Por cierto, hace un par de días inicié la creación del tercer estudio pequeño. Vamos a ver qué animal engendro...


En sus mundos irreales, de creación y destrucción, M.C. Escher tenía razón... 

domingo, 5 de abril de 2020

El banjo en los tiempos del coronavirus

Tardó unos veinte años, pero al parecer la pandemia del coronavirus, aquel temido nombre, se convertirá en el primer gran hecho de este siglo que malvivimos, en el sentido de que poco o nada nos ha importado la desigualdad social, el capitalismo necrófilo, los refugiados por las guerras civiles, y las notorias señales de deterioro ambiental en el planeta. Poco o nada nos importaron, pero ahora, que esta crisis, esta coyuntura nos afecta a todos, llegó el momento de reflexionar en lo que tenemos, y en sortear de la mejor manera, siempre responsablemente, las nuevas normas sociales que se nos impondrán y el hecho de estar confinados, en un mundo que siempre lo percibimos como de puertas abiertas.

Y lo está, lo seguirá haciendo, solo que por el momento y por ende, para los afortunados, para los cientos de millones que esperaremos por un tiempo en casa y no en las trincheras de un hospital, en el control de los hechos básicos que nos define como sociedad, en la siempre dura lucha por conseguir algo de comer al día, debemos ampliar nuestros horizontes, ya sea a partir de compartir más tiempo con la gente que el azar hizo que nos rodeara, u organizar nuestras ideas a través de actividades, a través de procesos creativos. Y yo creo, que entre las múltiples enseñanzas que nos va a dejar este hecho, y espero que sea así, aun tengo fe en los límites medibles de la estupidez humana, es el hecho de que el arte (cualquier tipo, nunca fue un concurso) es nuestro bálsamo para lidiar con la adversidad, para de alguna forma trascender en el tiempo.


El antídoto para tantas cosas en el mundo...

No digo que toque el banjo por eso, por trascender en el tiempo, porque presintiera de tiempo atrás que llegaría el momento en que un banjo le ayudaría a mi cuerpo a tolerar todo esta presión emocional que estoy sintiendo ahorita, y que puesta de nuevo en perspectiva, es una presión ridícula en comparación con los dramas y dilemas que otras personas estén viviendo ahora, o desde que empezó esta cuestión del confinamiento y las medidas cautelares. Se trata más bien de un simple testimonio, de un registro de lo que ha sido la experiencia del banjo en esta cuarentena...

A Brasil llegué recién empezó la cuestión, por lo que si bien no hubo tiempo de verme con mis compañeros de universidad o de hacer las mínimas vueltas de preparación, tuve la buena fortuna de haber llegado a una zona aislada dentro de la ciudad, donde puedo estudiar y practicar a mi gusto, con el espacio y el tiempo apacible para hacerlo; por ejemplo, al frente de una laguna y bajo la banda sonora de un pequeño bosque. Y uno pensaría, eso está más que bien, dadas las circunstancias de muchos, pero inevitablemente la saturación de información por redes y la nostalgia, en cierta medida el arrepentimiento por estar aquí, hizo que la cabeza me jugara pasadas los primeros días e incluso, el banjo, que es mi último refugio mental, fuera socavado en sus a veces inestables bases...


En la búsqueda de un balance

Entonces, como siempre toca en estos casos, la misma mente, su increíble capacidad de recurrir a los instintos más básicos, te lleva a buscar metas, a intentar establecer un orden en medio del caos o la desazón que te carcome. Y así empezaron las caminatas diarias por el lago, el escuchar una lista de música tropical para levantarme el ánimo, el imponerme tareas de la universidad y de ñoñeras propias, el buscar que los almuerzos no sean tan desastrosos, en seguir adelante. Y dentro de todo eso, dentro de mis prácticas diarias, surgió un pequeño reto con el banjo, que era el terminar los ejercicios del tutorial de Emile Grimshaw, al menos los ejercicios para principiantes. De modo que empecé a grabar uno por día y a compartirlos después, hasta que por más que inercia, se trató de práctica, hace dos días compartí el último. Lo sé, puede sonar a una victoria enormemente pírrica frente a los grandes dramas humanos, pero para mí representa lo que siempre ha sido el banjo en mi vida: tenacidad.

Sé que ya lo he referido hasta el cansancio, que empecé en el 2009, que fue por mi cuenta, que nunca he tenido un profesor de banjo, y así por el estilo sigue la lista. Pero a lo que quiero llegar, sí, una vez más, es que el banjo es una alegoría de lo que es y lo que quiero que siga siendo mi vida. El banjo es, y seguirá siendo la palabra resiliencia, será una parte de mi corazón. La otra parte, me espera en casa...


El resultado final de estos tiempos iniciales de cuarentena

domingo, 15 de marzo de 2020

Bem vindo


Como venía comentando en entradas pasadas, tal vez no de una forma clara, este marzo empecé una nueva etapa en la vida, una en que dicho sea de paso gran parte de lo que definía como mi vida, mi rutina, se trastocó en gran medida. Y va a ser así porque pese a que Brasil es un lugar cercano; en lo geográfico, en la idiosincrasia que nos define como latinos (no andinos, esa es otra discusión), hay aspectos que lo convierten en un lugar ajeno, terriblemente ajeno: el estar lejos de la familia, el reto de volver a ser un estudiante, con los temores del pasado acechando, el idioma, que si bien no es tan complejo, también implica una curva de crecimiento. En fin, el famoso precio de la independencia, del crecer un poquito más.

Por suerte, en esta aventura, porque lo es, no encuentro apelativo, se encuentra mi banjo, y al igual que en los momentos más bajos de mi época de la maestría; Sussie, el SS Stewart, el cacharro, como sea que lo quiera llamar, como sea que me esté sintiendo al momento de tocar, va a cumplir incondicionalmente sus funciones de amigo y terapista, y por ende, esos retos que me impuse para este año, junto con el reto de no olvidar, de ser fuerte, estarán presentes a lo largo de estos meses, así el pánico se siga tragando este mundo, se me enrede la lengua al tratar de decir algo en portugués, tenga miedo de que la investigación del doctorado se complique; en fin, todo y nada.

El trabajo sigue, y con los andes a miles de kilómetros de distancia, el sonido del banjo andino, lo que sea eso, sigue.

En la próxima entrada hablaré un poco sobre los vídeos que he compartido en estos días, al igual que uno pequeño que grabé ayer...


domingo, 26 de enero de 2020

Lista de útiles

Este año, aparte de la rutina (en el buen sentido de la palabra) asociada a mis prácticas con el banjo, quise asumir un nuevo compromiso, un ejercicio de memoria que será evaluado para final de este 2020, o haciendo algo de trampa, al menos hasta el final de este nuevo año lunar, el de la laboriosa rata.

Bueno, al grano, el ejercicio es simple. Estas son las actividades que aspiro a cumplir con el instrumento. Muchas incluirán un vídeo en mi canal de Youtube, no tienen un orden de preferencia en particular, y como con todo, puede que en su conjunto vayan más allá de mis capacidades, o aparezcan "lobos solitarios" que terminen siendo alcanzados en estos meses. Aquí van pues:

  • A Morley´s Special. Dos temas de Joe Morley: A moonlight serenade, Mazurka
  • A banjo recital. Varios temas en un formato similar al del vídeo de 2018. Probablemente irán: Odetta waltz, Banjo oddity, Old Virginia, Ensign Schottische, Lágrima de F. Tárrega (opcional)
  • Una nueva versión de A banjo duet. Temas por definir
  • Solace (A Mexican serenade) de Scott Joplin. Lograr al menos todas las secciones, vídeo opcional
  • Vídeo con los 17 ejercicios para principiantes de How to excel on the banjo. Al día de hoy hago constancia que voy en el número 14
  • Vídeo con los 20 ejercicios diarios del tutorial de Joe Morley. Al día de hoy hago constancia que voy en el décimo
  • A Link´s special. Distintos temas arreglados para banjo de The Legend of Zelda
  • Uno o dos temas de Erik Satie. Gymnopédies al igual que Je te veux, podrían ser opciones
  • Nuevo especial de Halloween. Vídeo con los temas Skeleton dance, Minor waltz y probablemente uno o dos temas del repertorio clásico que se asocien a esa fecha (e.g. El aprendiz de brujo, Dukas)
  • Lazy rhythm de Bert Bassett. Lograr al menos todas las secciones, vídeo opcional  
  • Aprender temas de otros banjistas clásicos como Alfred Cammeyer o Clifford Essex
  • Aprender temas de guitarristas clásicos y lutistas que se puedan transponer al banjo
  • Aprender temas de compositores colombianos para interpretarlos (e.g. Blas Emilio Atehortúa, Gentil Montaña)
  • Trabajar en transcripciones de temas de música popular y de jazz
  • Componer seis pequeños estudios para banjo y compilarlos en un vídeo junto a un primer estudio que ya modifiqué en estos días a partir de uno previo, sino el más decente de lo que he compuesto
  • Trabajar en arreglos o piezas que me permitan integrar distintos banjos o instrumentos al mismo tiempo. Dicho de otra forma, hacer orquestación así sea de una forma muy artesanal jaja 
Como se notará, la lista suena ambiciosa, como todo plan que se hace o propósito que se empieza en enero, pero sí considero que será muy interesante ver qué se puede lograr en este año loco y brasileño.


¿Quién dijo miedo?

sábado, 4 de enero de 2020

Balance contable


No suelo ser de los que escriben frases en redes cuando llega ese día, particular día por cierto, en el que conmemoramos el final de un año, al menos bajo la "tradición" de siglos que nos define como "occidente". De modo que estoy escribiendo estas líneas en una tarde soleada de Bucaramanga, escribiendo sobre el pasado, sobre lo que he vivido, para después leerme (siempre ha sido el fin último de este blog, el de ser una bitácora de ciegos), o que después alguien me lea; algo que por cierto, a aquellos que lo hayan hecho, o lo estén haciendo ahora (o sea, en el futuro), muchas gracias por su curiosidad y comprensión.

De modo (repetir es un viejo hábito, me gusta) que en días como este (o sea, ya el pasado) se escribe para hablar sobre lo que sucedió, y lo que quedó atrás. En mi caso podría resumir esta década (y pienso, carajo, estoy hablando de un intervalo de tiempo que abarcaría toda mi niñez en Samanes o el doble de mi estadía en la universidad) en hechos como empezar y terminar la maestría en Medellín, salir del país una cantidad de veces que creía imposible en mis veinticinco, ser tío de un sobrino cada vez más inquieto y espero que musical (necesito banjistas para mi ejército de espectros jaja). Me he despedido de gente hermosa que marcó mi vida como lo fueron mi abuelita, mi Tío Emiro, Ignacio mi supervisor de maestría, me he enamorado dos veces para después terminar dichos senderos en una misma fecha, y he aprendido que el amor también trasciende hacia los animales porque la partida de dos de las perritas de la casa también me ha dolido como un verraco. He leído libros maravillosos, escrito cuentos que no creía posible, terminé una novela que no logro publicar y un libro de cuentos que pronto sale (pero está bien, ya se vienen nuevos proyectos), saqué a flote la locura de tres blogs (Los otros son Finis Semita e Informe sobre ciegos), todos de temas distintos y con fortuna dispar. He acumulado muchos recuerdos, amistades maravillosas, y por fortuna pocas enfermedades, he vuelto a lugares que me enseñaron tanto en el pasado ya remoto, y he evolucionado; sí, para bien, en mis manías, temores y fortalezas más atípicas.


¿Pueden creer que es la primera foto decente que me tomo con el banjo desde que lo tengo?

Y sí, contra todos los pronósticos sigo siendo un banjista, algo que aquel German del 2010 hubiera creído utópico, ya que el camino que he recorrido ha sido de locos, atravesando el Atlántico dos veces con aquel instrumento hermoso a mis espaldas. German, créelo, has tocado en conciertos que si bien se cuentan con los dedos de una mano, fueron en escenarios insólitos, tienes a falta de un banjo de bluegrass hecho en China, un total de tres más (Sussie, Cletus, Butters), y de uno de estos andas irremediablemente enamorado. ¡German, desvergonzado de mierda!, llevas casi diez años escribiendo historias sobre banjos en este blog, compartiendo tus experimentos y tocando con todas las limitaciones del mundo en un canal de Youtube. Y lo has hecho con desinteresado cariño, sorteando temas comunes, tradicionales, y piezas que solo tu banjo de 1895 podría asociar y responder de forma agradecida.

De modo que sí, hay mucho que celebrar, tanto, que probablemente olvidé referir cosas que el German de la próxima década me recordará. Lo que por fortuna no olvidé, fue saldar esta pequeña deuda que tenía desde hace unos años. Después de varias pruebas, ya puedo decir que esto es lo que me puede ofrecer este sencillo valse del banjista británico Joe Morley...¡Cheers!


Clematis Waltz

jueves, 26 de diciembre de 2019

Crónicas banjeras (Salvador de Bahía)

Viaje curioso fue el de este año por Brasil (¡Miércoles!, ahora que recuerdo fue el segundo...ya hablaré de balances de estos años en la próxima entrada). Siendo un ñoño de primera línea, lo normal es que el motivo hubiera sido por un congreso (el primero a Brasil lo fue) o algo relacionado con el banjo. Tampoco hubiera sido extraño que el viaje que inspiraba esta nueva crónica banjera correspondiera a una de las aventuras personales a las que estoy acostumbrado. No, este viaje a Brasil fue un regalo que hace mucho quería darle a mi papá, y siendo la Copa América allá, terminó siendo la excusa perfecta para que mi cuñado también se animara a ir, y entre los tres conocer lo que nos podría ofrecer el famoso nordeste y la ciudad de Salvador de Bahía.


Confluencia de saberes

De modo que hicimos maletas los tres, y el banjo, claro está, porque este nuevo viaje era la excusa perfecta para probar nuevas locaciones y vídeos para caspear por redes; la vergüenza dicho sea de paso, trasciende fronteras... Y estuvo bien, más que bien la experiencia, ya que disfrutamos todo lo que nos ofreció la ciudad: sus moquecas de camarón, la vista del faro de Itapúa, las postales cerca de la casa de Jorge Amado, mientras un montón de turistas se tomaban la reglamentaria foto a lo Michael Jackson, un par de goles en el estadio Fonte Nova...y claro está, los vídeos frente a la Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim, que es de lo que quiero hablar en últimas.


Imágenes exclusivas del banjista haciendo ruido en El Dorado jaja

La idea original, y por original supondrán ya que no se consiguió, era grabar una nueva edición de lo que llamo Banjo Sessions en el canal de Youtube, con un par de vídeos en algún paraje típico de la ciudad. Como era de esperar, la imagen que tenía en mente era tocar en alguna de las plazas en Pelourinho, a la usanza banjera de un They don't care about us. Tras un par de días turisteando y moderadas jornadas de práctica en un recodo del hotel, se hizo evidente que era virtualmente imposible tocar algo allí, y más considerando que todo el Casco Antiguo estaba en modo carnaval; en parte por los turistas que veníamos a la Copa América, y más que todo por las inminentes fiestas de San Juan (comparto un vídeo pequeño abajo).


Un "bloco de carnaval", calentando motores

Tocó improvisar entonces. La segunda opción que tenía en mente era la Iglesia de Nuestro de Señor de Bonfim, de tal manera que emprendimos camino (un largo camino, las distancias siempre fueron un rollo en Salvador jaja) y tras visitar la iglesia y colocar las tradicionales cintillas (son promesas o agradecimientos que se hacen) en la reja de la entrada, empezamos a grabar. Para variar, pasó de todo jaja, desde el vendedor de frutas (el vídeo de abajo), hasta un viento medio huracanado que nos acompañó todo el tiempo. Naturalmente hubo cientos de descuidos y tras algunas luchas me decanté por tocar un par de temas sencillos del repertorio; la vieja confiable que llaman jaja. Los primeros intentos fueron con Reckless Rufus y pues, la verdad sea dicha, fracasé estruendosamente, de modo que cambiamos de mesones en el parque y probamos suerte con otra toma, y otro tema...


Probé suerte entonces con Electric Dance que sí, sí, lo sé, es el tema que toco cada vez que puedo jaja, pero ya en este punto la meta era poder grabar algo decente. Adiós la idea del vídeo en Youtube. Y tal vez el hecho de sustraerme de esa obligación personal hizo que todo fluyera, que el vendedor ruidoso siguiera su camino, que el viento cediera un poco (só um poquinho) su ímpetu, que no me importaran las conversaciones que medio entendía alrededor, y que los dedos disminuyeran sus índices de torpeza habituales. ¡Finalmente salió un tema completo!


¡Milagro en Bonfim!

Tras lograr la anhelada meta seguimos probando nuevos temas, pero fue imposible, y en este caso, una golondrina sí hizo verano. El unicornio musical o el hada banjera, como la quieran llamar, había hecho su aparición y se había escabullido en el viento... Entonces tomamos un par de fotos adicionales, de esas que buscaban enaltecer el banjo, y digo, eso me sigue pareciendo genial, porque creo que ni en sus sueños más locos, Samuel Swain Stewart se hubiera imaginado un banjo suyo en este recodo de Brasil. Entonces (de nuevo), pensé en como los elementos se buscan, porque en medio del ambiente festivo que nos rodeaba en la ciudad, de sus incontables tambores, de su indescriptible y maravilloso sabor afro y ancestral, mi banjo estaba casi como en casa, así sus elementos fueran tan americanos como un pie de manzana o el Tío Sam apuntándote al ojo. A lo lejos, muy lejos, creo haber escuchado el acompañamiento de un par de cavaco-banjos que vi en Pelourinho, pero de los que por desgracia (descuido, torpeza, más bien) olvidé registrar en fotos.


Buscando la carátula para mi próximo álbum de trash-metal cristiano, con toques de folk y champeta jaja

Después de pensado esto, solo restó viajar y comer como si no hubiera un mañana (la comida del nordeste solo inspira gustos paganos jaja). En resumen, fue la experiencia que imaginaba como regalo para mi papá, y un sin fin de recuerdos e ideas para el futuro próximo. También, y por qué no, si bien era muy especulativo en ese momento, fue el abre-bocas de lo que este 2020 nos depara a mí y al banjo. Porque sí, estoy a pocas de semanas de ser embebido por la experiencia de mi anhelado doctorado (habló el alter ego paleontólogo con el que convivo), y los dioses yorubas, porque ahora pienso que solo pudieron ser ellos, me conducirán nuevamente hacia la hermosa Brasil, um poquinho al sul

Las historias que surjan, ya las estaré narrando... 


¡Obrigado!